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A perdonar se aprende

A propósito del próximo TALLER DEL PERDÓN de Raúl Pérez que vamos a desarrollar en el campus virtual del Instituto los días 13 y 20 de octubre, te invito a reflexionar sobre este tema que, sin duda, moviliza las emociones más profundas.

Una vida sin perdón es imposible, lo único que nos garantiza es sufrimiento. ¿Lo sabías?

 En Psicología, perdonar y pedir perdón se consideran capacidades del ser humano, que tienen efectos terapéuticos positivos.

¿Para qué sirve? Puede servir por un lado a quien dañó para liberarse de la culpa y por otro lado, para que el dañado se libere de posibles sentimientos de rencor. Se suele valorar el hecho de saber perdonar, como una muestra de bondad y buen corazón. Aunque también se valora el saber pedir perdón, porque implica de algún modo, reconocer la culpa y el daño cometido a la otra persona, poder analizarse a sí mismo y dejar de lado el orgullo.

Ahora …¿Qué no es el perdón?

 Perdonar no significa justificar comportamientos inaceptables. Perdonar no es justificar. No es buscar razones para aceptar que el otro nos hizo algo malo porque tenía sus motivos, o porque era débil, o porque…Perdonar es soltar ese episodio de nuestra vida, aceptarlo como fue y dejarlo ir.

Perdón no es hacer como que todo va bien cuando sientes que no es así. Esa falta de sinceridad con uno mismo y con el otro es tan dañina como no perdonar. Cuando perdonas de verdad, tienes una sensación de paz auténtica, que no necesita estar disimulando nada.


No es adoptar una actitud de superioridad sobre la persona a la que perdonas o a la que le pides perdón.

“ Como yo soy mejor que vos te perdono” o “ como yo soy mejor que vos, te pido perdón ( generalmente lo que viene después es: aunque no tengas razón)”

El perdón nace del amor que nos tenemos a nosotros mismos y por consecuencia a los demás, que son iguales a nosotros. “Yo soy igual a vos, y te perdono”.


No significa que debas cambiar tu comportamiento. Puedo perdonar a alguien pero no necesariamente volver al momento anterior a lo que ocasionó el daño;  no es necesario volver por ejemplo a hacer negocios con alguien que nos estafó porque lo perdonamos. Puedo perdonar y alejarme de esa persona, porque aprendí que puede hacerme daño.

Perdonar no implica que te comuniques verbal y directamente con la persona a la que has perdonado, para decirle “ te perdono”. Es tu tema, tu sentimiento. Puedes o no hacerlo. Puedes perdonar a personas que ya no están vivas, y también pedir perdón a quienes ya no están en este mundo.

El perdón no siempre implica que el ofensor tenga que compensar de algún modo su error: alguien que daña puede sufrir o no una sanción por el efecto de su acción, pero esto es más en términos jurídicos. En términos del alma, el daño al otro siempre tiene consecuencias, sea condenado o no, sea perdonado o no.

Perdonar no es olvidar. No es hacer como si nada hubiera pasado: es elegir dejar atrás lo pasado, con el aprendizaje que trajo, y seguir adelante.

¿Se aprende a perdonar?

Muchas veces escuchamos que el perdón cura, que el perdón sana… pero no sabemos cómo hacer para perdonar, estamos dañados y no podemos darle fin.  Pueden ser daños enormes o pequeños, todos se acumulan como en una gigantesca mochila en nuestra espalda.  Condicionan nuestro presente y nuestro futuro. A veces el tiempo ayuda a perdonar, pero es un aprendizaje lento y doloroso en la mayoría de los casos. Esta historia vale como ejemplo.

Una vez conocí en el trabajo a una mujer amable, culta, generosa. Su trabajo: consejera psicológica. Teníamos una excelente relación, que se mantuvo así por muchos años, casi diez. Hablaba tanto con ella que creí conocerla. Sabía que era viuda, que vivía sola con sus perros, sabía sus penurias de salud, sus sueños, sus pasiones…

Un día vino muy contenta. Su cara brillaba: Algo muy importante había cambiado en su vida, era evidente. Se sentó a hablar conmigo. Me dijo: “Me comuniqué con mi hija. Hablamos mucho…¡Y quedamos en vernos! Hace veinte años que no la veo. Tampoco conozco a mi nieto, que tiene 4 años… Imaginate. “

Me quedé helada. No sabía que tenía una hija, jamás lo había dicho. Pensé que no se habían separado por decisión propia, que se habían separado porque ella vivía en el extranjero, no sé.

“ Hace veinte años, ella era muy jovencita y tomó una decisión que no pude aprobar ( aclaración: no es importante saber qué fue).  Le dije que no quería verla más. Y ella tomó sus cosas y se fue. No supe más de ella, no quise saber por mucho tiempo… Tan enojada estaba. Y pasaron los años. Ella me mandaba por personas conocidas su dirección, su teléfono, sus novedades, supe que se había casado, que tenía un hijo. Ayer por la noche la llamé. Lloramos las dos, fue un sentimiento de liberación y de profundo amor.” Su hija vivía a media hora de su casa, había estado allí esperándola… El tema que las separó no existía más, ninguna lo trajo a cuento ni quiso mencionarlo porque a estas alturas parecía una estupidez. Todo cambió: mi amiga ahora tenía una familia, los abrazos de su hija, las sonrisas de su nieto.

Ella me dijo: “ Ojalá hubiera sabido cómo perdonar a mi hija mucho antes… Tuve que esperar que la vida me apaleara, escuchar a muchas chicas contarme historias que me recordaban a ella, veinte años. ¡Veinte años!”

Este taller que realizamos en Dos Mundos creado por Raúl Pérez, psicólogo clínico, terapeuta floral y maestro de Ho’ oponopono, enseña técnicas desarrolladas específicamente para acortar esos tiempos ingratos y angustiantes que nos trae el no saber perdonar o pedir perdón.  En 2 encuentros de 3 hs se aprende cada una y se prueban. En ediciones anteriores hemos podido  escuchar testimonios conmovedores de los asistentes, y su agradecimiento.

Ya está abierta la inscripción aquí.

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En la previa a nuestro taller del perdón, te invitamos a reflexionar sobre la importancia de poder ver más allá de las emociones.
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Instituto de Formación Holística Dos Mundos
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1 comentario en “A perdonar se aprende”

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